El 10 de diciembre de 1945, Gabriela Mistral se convertía en la primera persona latinoamericana en recibir el Premio Nobel de Literatura, un reconocimiento que llenó de orgullo a todo Chile. Pero unas semanas antes, desde un pequeño rincón del Valle de Colchagua, un saludo cruzaba las fronteras para acompañarla en ese histórico momento.
Desde la comuna de San Vicente de Tagua Tagua, el Rotary Club local, en sesión solemne realizada el 19 de noviembre de 1945, acordó enviar un telegrama de felicitaciones a la poetisa, quien entonces se encontraba en Brasil. El mensaje fue breve, directo y emotivo:
“Club Rotario San Vicente Tagua Tagua sesión solemne acordó felicitar efusivamente merecido premio”, firmado por Opazo, presidente e Isla, secretario.
La comunicación fue enviada a través de la empresa All America Cables and Radio, con sede en Río de Janeiro, y fue recibida por la poetisa ese mismo día a las 3:51 PM, como consta en el registro.
Aunque la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Literatura se realizó el 10 de diciembre de 1945, como es tradición en Suecia, el nombre de la ganadora fue anunciado públicamente el 15 de noviembre de 1945 por la Academia Sueca.
Por eso, el 19 de noviembre, apenas cuatro días después del anuncio oficial, el Rotary Club de San Vicente ya tenía conocimiento del galardón y, como muchos chilenos e instituciones de la época, enviaron sus saludos y felicitaciones antes de la ceremonia formal.
Solo tres días después, el 22 de noviembre de 1945, Gabriela Mistral respondió al saludo con un telegrama enviado desde la ciudad de Petrópolis, Brasil. Su respuesta —también escrita en el estilo telegráfico de la época— expresaba gratitud y cercanía:
“Gabriela Mistral dice Coquillas agradece generoso mensaje. Siempre con ustedes. Gabriela Mistral. Coquillas. Embajador de Chile.”
Este gesto, breve pero profundo, refleja no solo la alegría nacional por el reconocimiento internacional a nuestra Nobel, sino también la manera en que comunidades como San Vicente de Tagua Tagua participaban activamente del sentir patriótico y cultural de la época.
El telegrama, conservado hasta hoy, es una joya documental que testimonia el compromiso cívico y cultural de instituciones locales, y al mismo tiempo, muestra la conexión humana que Gabriela Mistral mantenía con su país incluso en la distancia.

En tiempos donde la comunicación instantánea domina, mirar hacia estos registros del pasado nos recuerda que cada palabra enviada tenía un valor especial. Este telegrama es, en definitiva, un símbolo de cómo desde los rincones más apartados de Chile, como San Vicente, se escribía también la historia grande del país.
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